lunes, 18 de febrero de 2019

CAMPAÑA LEE Y REIRÁS

Mi campaña de lectura Lee y Reirás Todo empezó con la idea de promover la lectura entre mis amigos de facebook, mis E.E.D.I. (entidades electrónicas, de dudosa identidad) Porque intuyo que los niveles de lectoría en Chile son bajísimos. Paupérrimos. Me cago. Es una peli de terror. Tengo que actuar. Además de lo que creo que ya hago. Si acabo de hacer marketing en las redes para deshacerme de una cocina de 4 platos y horno funcionando, cómo no voy a hacer algo de publicidad para incidir en la parábola del alza de los libros NO leídos (no, NO vendidos) Este flagelo es el más grave de Chile Chanta. Hasta ahí tenía clara la ruta. Y me iba a largar con la párrafada de cómo llegué a esas fotos; pero lo de Chile Chanta me retrotrae a la causa de los profes de la Deuda Histórica y la de los abusos cometidos en el cuerpo y el espíritu de los conscriptos de la dictadura. Son mis obsesiones de los 50 y tantos. Estas son dos razones invencibles que explican el mote de Chile Chanta ( o sea, Estado Chileno, fallido y vergonzante) Abandonó a una previa en el infierno a los profesores jubilados, caso rotulado como Deuda Histórica. Y a los ex conscriptos de la dictadura; que fueron virtualmente secuestrados para trabajar gratis como soldados del Cartel Militar. Disculpen el despiste... Se sabe que tengo mis obsesiones, también. Como corresponde a cualquier ser humano. Para mi son mi causa, mi demanda y mi lucha. Mi propio discurso político, mi himno de reinvindicación nacional. Si fundara un partido político le lavaría el cerebro a los militantes para que salieran a marchar "matinee, vermouth y noche", exigiendo justicia para estas causas. Como no soy tan grande como para narrar en primera persona historias de seguimientos, torturas y desapariciones; ni tampoco pertenezco a aquéllos que se enteraron de lo ocurrido en los libros... Les hablo desde mi punto de apoyo. Soy de los que tenemos una amorfa versión de lo vivido, perfectamente sonorizado con la música de Fiebre de Sábado por la Noche. Y a todo volumen, para no escuchar los gritos de libertad, ni menos los aullidos de las mazmorras. Somos el epítome de la esquizofrenia histórica y política nacional. Siento que hay poca luz en este túnel. Poco aire limpio. Escaso. Los días se amontonan en el tacho de la ropa sucia y nadie parece bien dispuesto para lavar, ni los platos del postre. Para esto sirve la lectura. El cerebro de un país empobrecido moral y espiritualmente necesita libros para alimentarse, o lo que venga en su reemplazo. Con ellos respira, le crecen alas a la imaginación, eleva su vuelo el espíritu y asoma en el horizonte el sol de la justicia. Leamos libros. Leamos poesía. Leamos cuentos y novelas. Y si no tuvieras nada para leer, nada impreso, lee entonces el libro abierto de tu calle; de tu ciudad, de tu región, de tu país, de tu terruño, que es tu planeta. Lee. Lee. Se abrirán las puertas del cielo. Y entonces, en cualquier cuartel militar, tal vez, quién sabe, cuando un recluta instruido le proponga al Comandante de la Compañía lecturas de poemas a sus compañeros, en formación, a la hora de la retreta, en vez de ser expulsado a carcajadas (como me pasó) tal vez le digan que sí. El oficial que lee, el suboficial que lee, el soldado que lee comprenden el peligroso rol que han elegido jugar. Qué decir de los ciudadanos civiles. LEE

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